Modelo Macri (post crisis) Modelo Macri (post crisis) 01/08/2018
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Sería penoso que se abandonara el rumbo que, con las limitaciones conocidas, ha sido trazado. Esto podría ocurrir si Macri no acertase a conservar el poder y fuera reemplazado por alguno de los ancianos amantes de la industrialización subsidiada y la producción no competitiva.

Por Pablo Esteban Dávila

Entre otros, las crisis tienen un efecto pedagógico: ya no hay lugar para los desvaríos. La bonanza sirve a las quimeras; las dificultades al realismo. Mauricio Macri respondió, en los primeros dos años de su gestión, invirtiendo esta ley. Soñó grandes cosas sobre una economía endeble. Hoy debe alinear las expectativas.
El realismo al que ahora está obligado conlleva, asimismo, un mensaje moral. Dicho sea, en jerga adolescente, que “es lo que hay”. Esto supone que la identidad del problema (el ser, el “es”) equivale al quantum. Se es lo que se tiene. Materialismo empírico. La certeza reduce el problema una única pregunta: ¿qué tiene la Argentina para capear el temporal y sobrevivir?
Macri lo dijo entrelíneas en su visita a Córdoba. Lejos estuvo, por supuesto, de establecer una teoría general o cosa por el semejante; jamás será su estilo. Pero arrojó las pistas suficientes como para entender cuál es su Modelo de país. Hubo de esperar una crisis para que, finalmente, lo diera a conocer.
La sorpresa es que, en el fondo, no se trata de un modelo novedoso. Es un revival de las grandes líneas de trabajo de la Generación del ’80, aquella de la que Julio A. Roca fuera su exponente más notable. Consiste en reconocer que la Argentina sigue teniendo el destino de granero del mundo, aunque con el agregado de importantes anabólicos energéticos.
Tanto en su diálogo como Miguel Clariá (en el aniversario de la Fundación Mediterránea), como en sus discursos en la planta de Santa Isabel y en la Mesa de la Maquinaria Agrícola, el presidente se esforzó por enumerar las buenas nuevas de la economía: la producción agropecuaria, el yacimiento de Vaca Muerta y la producción de litio en la puna jujeña.Es su triángulo mágico, con respectivos vértices en los alimentos, el gas y la minería.
Para muchos podría ser un imaginario del retroceso. Desde Juan Domingo Perón, sucesivos gobiernos han intentado hacer del país un polo industrial, generalmente sin éxito. Ahora, cuando una nueva crisis golpea la puerta, sólo las materias primas se ofrecen para el salvataje.
¿Es una claudicación macrista? Si se lo analizara con las anteojeras de la segunda mitad del siglo pasado sin duda lo es. Huelga repetir los argumentos críticos al modelo agroexportador vigente hasta la década del ’40. Mejor es economizar lo que cualquier lector imagina.
Pero ocurre que el mundo ya no vive en aquellos años. La producción industrial se ha transformado en un commodity chino, al que las tradicionales potencias occidentales apenas pueden incomodar. La vieja maldición de Raúl Prebisch -el famoso “deterioro de los términos del intercambio” sobre la que se basaron múltiples estrategias desarrollistas- demostró estar equivocada. En la actualidad el mundo demanda minerales, energía y alimentos, justo lo que la Argentina puede ofrecer en abundancia. Y muchos están dispuestos a pagar buen dinero por ellos.
¿Qué hacía entonces Macri inaugurando, feliz como niño, una línea de producción de un nuevo vehículo industria nacional? Ratificando, precisamente, este rumbo. Una pickup (la Frontier lo es) está asociada al mundo agropecuario y a la minería. Sólo nuestras clases medias urbanas se pasean en ellas como símbolo de estatus. Antes de Nissan, otras terminales automotrices ya estaban especializando al país en este tipo de utilitarios. Y pronto habrá más.
Lo mismo vale decir para la maquinaria agrícola. La Argentina produce buenos implementos porque hay una demanda insaciable y una competitividad agropecuaria a toda prueba. Son actividades complementarias, tal como lo es el clúster del aceite vegetal o el de los biocombustibles. Basta recorrer la pampa húmeda (o economías regionales como la del limón en Tucumán, el vino en Cuyo o la fruta en el alto valle de Río Negro) para entender que ya no existe tal cosa como agricultura versus industria.
Esto también puede aplicarse al litio que es, básicamente, metal blanco entremezclado en salmueras naturales. Es gracias a las tecnologías de la información que este mineral tiene un alto valor en el mercado y un futuro asegurado. El conocimiento se ha vuelto móvil, portátil e interconectado. Este fenómeno requiere dispositivos que almacenen la energía suficiente como para mantenerlo vivo, las 24 horas. La energía se acumula más eficientemente en baterías de iones de litio que en otras similares y su demanda no para de crecer. Si a ésta se le añade la que generará la próxima generación de automóviles eléctricos, Jujuy podría transformarse en la cornucopia de los miliamperios del planeta. No por nada la revista Forbes a denominado a la región integrada por el norte de Chile y la Argentina y el sur de Bolivia como la “Arabia Saudí del Petróleo Blanco”.
Como en todo modelo, y más aun en uno redescubierto en la presente crisis, es posible identificar ganadores y perdedores. Entre los primeros, y amén de los sectores tradicionalmente vinculados a las tierras más fértiles, se cuentan además los habitantes de las provincias con recursosminerales y gasíferos. Son ganadores federales. La segunda clase también es fácil de visualizar. El conurbano bonaerense, con sus casi 15 millones de habitantes, se cuenta en el primer lugar de la lista. Continuará siendo el territorio más subsidiado del país si las cuentas públicas no estallan antes.
Es una lástima que se hubiera tenido que sufrir una crisis cambiaria, siempre coyuntural, para advertir las intenciones de largo plazo, estructurales, del gobierno. Probablemente la visión enunciada en Córdoba haya llegado demasiado tarde como para enamorar a la suficiente cantidad de argentinos. Esta es una posibilidad. Macri no es un ideólogo y, a juzgar por su preferencia por los CEOs, tampoco tiene un Alberdi al que echar mano para estructurar un pensamiento claro y distinto. Jaime Durán Barba y Marcos Peña son buenos ganando elecciones, pero no para generar los consensos que requiere el futuro.
No obstante, sería penoso que se abandonara el rumbo que, con las limitaciones conocidas, ha sido trazado. Esto podría ocurrir si Macri no acertase a conservar el poder y fuera reemplazado por alguno de losancianos amantes de la industrialización subsidiada y la producción no competitiva.Australia, Canadá o Nueva Zelanda son ejemplos claros de lo que pudimos ser y no fuimos. Esto equivale a decir que el destino de la Argentina, en pleno siglo XXI, no es demasiado diferente al de finales del siglo XIX. Por adoptar el modelo correcto, aquellos fueron tiempo de progreso y crecimiento sustentable; al declararlo muerto antes de tiempo, hubimos de pagar 60 años de decadencia, inflación y pobreza.

Fuente: Alfil

 

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