Los estigmas culturales que siguen de pie Los estigmas culturales que siguen de pie 18/05/2017
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La discriminación hacia las mujeres en la asignación de responsabilidades y la aversión al pariente político suelen manifestarse en las empresas familiares más que en otras compañías. Cuál es la situación en las firmas del interior del país.

El machismo y la aversión al pariente político son como dos estigmas culturales que en las empresas familiares se suelen manifestar más que en otros lados”, asegura Eduardo Favier Dubois, presidente del Instituto Argentino de la Empresa Familiar, aunque se encarga de aclarar que la cuestión del machismo es un fenómeno que cobra más fuerzas en el interior del país que en las firmas que se encuentran radicadas en la Capital Federal. 

De acuerdo a la experiencia del especialista, son numerosos los casos en los que los fundadores de compañías que tienen varios hijos, varones y mujeres, llegan a otorgarles a los primeros la gestión de la empresa, mientras que a las mujeres les otorgan roles pasivos o, incluso, se las deja afuera de la organización. 

La costumbre de discriminar a las mujeres y que no puedan participar de la empresa es un problema que también menciona Leonardo Glikin, abogado y consultor en empresa y familia. Y coincide en la observación que hace Favier Dubois al aclarar que se trata de una discriminación que “ocurre mucho en las provincias más atrasadas del país”.  

A este estigma, que suele presentarse en las firmas familiares, se le suma el rechazo a los parientes políticos. Esta aversión, según Favier Dubois, “es como una trampa”. Para explicarlo, presenta el caso hipotético de una familia en la que uno de los hijos contrae matrimonio con una persona “que no es para él”, entonces a la nuera se la denosta o ningunea por considerar “que no es de calidad, no es de estirpe”.

Pero, ¿por qué hace hincapié en que se trata de una trampa? Por que es justamente la nuera la persona que se encarga de la crianza de los hijos, quienes, en un futuro, sucederán al padre en la compañía. Entonces, la percepción que el nieto tenga de la empresa, en gran medida, dependerá de aquello que su madre le transmita. 

Básicamente, podría convertirse en una suerte de boomerang que se les vuelva en contra a aquellos parientes que tanto la denostaron, cuando, en el futuro, el nieto en cuestión sienta algún rechazo por la compañía.  Pero, además, muchas veces esa nuera “denostada” es la que termina interviniendo en las peleas padre-hijo o incluso entre hermanos, lo que también podría tener alguna implicancia para la compañía. 

Es por eso que en el Instituto Argentino de la Empresa Familiar sugieren que a los parientes políticos "hay que tenerlo en el corazón". Esto, en palabras de su presidente, implica que “hay que incorporarlo, hacerlo participar”, pero esto no significa hacerlo participar en la propiedad. Y esto tiene que ver con que el familiar político puede dejar de formar parte de la familia, ya sea porque se divorcian o bien porque alguno muera y el familiar se case nuevamente.

En lugar de ello, para Favier Dubois, la participación pasa por otro lado: los vínculos. “Cuidar mucho los vínculos con el familiar político es fundamental”, especifica. Esto se puede hacer desde el consejo de familia, o bien desde las áreas donde se trabaja sobre la información, la cultura y el amor por la compañía. El especialista también considera que no hay que perder de vista la celebración de fechas como el día de la familia o el día de la empresa. 

“Si les preguntás a los empresarios qué opinan de que entren y participen los parientes políticos, todos van a tener una idea clara”, asegura Glikin. Y agrega que, en algunos casos, la postura es a favor y en otros en contra, pero se trata de un tema que “está muy metido en la gente”.  En este sentido, considera: “Evidentemente, cada uno ha sido testigo o participado en experiencias negativas, entonces es mucha la gente que dice ‘no queremos a los parientes políticos’; algunos dicen ‘no los queremos en cuanto a participar en la propiedad’ y otros dicen ‘no los queremos ni siquiera trabajando en la empresa’”.

Para Glikin, se trata de un dilema que tiene que resolver cada empresa. “Lo importante es que cada modelo que se elija tenga todos los elementos para ser exitoso”, apunta. Ahora bien, puede suceder que una familia haya acordado no incluir a los parientes políticos en el negocio, pero que en el momento de incorporar a los hijos o las hijas estos no estén interesados. 

Ante este panorama, una de las alternativas que menciona el abogado y consultor en empresa y familia es confiar en un pariente político que tenga los estudios y la experiencia necesaria como para hacerse cargo de los puestos que vayan quedando vacantes.

La segunda alternativa que pone sobre la mesa Glikin es nombrar a un tercero que sea totalmente ajeno a la familia. De todas formas, aclara que en este último caso, como ya no está en juego un tema de confianza, “hay que fortalecer las estructuras de la empresa, para poder hacer auditorías, poder controlar la gestión y demás”. 

“Es más fuerte el machismo: muchas veces se prefiere al yerno que a la hija. Pero esto va en degradé”, afirma el presidente del Instituto Argentino de la Empresa Familiar.  

Fuente: El Cronista

 

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