Cuáles son las motivaciones que movilizan a los emprendedores Cuáles son las motivaciones que movilizan a los emprendedores 12/09/2018
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Cuáles son los procesos internos y las motivaciones que subyacen en los emprendedores frente a la necesidad de dar respuesta a un problema concreto. La historia detrás de los creadores de Si.Ru.Om. y de Eye Say, dos proyectos con impacto social.

A veces, lo que me motiva no es la propia necesidad, sino la de otro. Hay algo que dispara hacia alguna emoción". Así sintetiza Miriam Yrosalinsky, operadora en Psicología Social y coordinadora del Departamento de Responsabilidad Empresaria de la Unión industrial de Bahía Blanca, los procesos internos que llevan a emprendedores y realizadores de proyectos a enfocarse en la búsqueda de soluciones para un semejante. "Se vincula con aprender a articular en red, con la comunidad, y con trabajar sobre mi propio ego y la mirada del otro". Yrosalinsky es la encargada de llevar adelante el programa ImpulsaRSE, que busca promover el desarrollo de proyectos que incluyan procesos productivos y/o de servicios que tengan impacto social.

Validar el producto

Un amigo le comentó que había tenido que usar sillas de ruedas durante un año, tiempo en el que advirtió las complicaciones derivadas de una inadecuada infraestructura. Cuando Mauro Tronelli lo escuchó, se preguntó si podría ayudar. "Lo más importante es validar el producto con la persona", aduce el ingeniero electrónico. Así nació Si.Ru.Om, una silla de ruedas motorizada que funciona bajo el principio de omnidireccionalidad. "Si la persona mira al frente, puede moverse hacia adelante, atrás, izquierda o derecha. Puede desplazarse en diagonal y girar sobre su propio eje", explica. Y profundiza: "El lugar que va a usar para girar es el mismo que ocupa de parada, facilitando el movimiento en espacios reducidos".

Otra de las características tiene que ver con el sistema de mandos. "Se maneja mediante un joystick, pero puede cambiarse en función de la patología". Tronelli menciona, además, que mediante una app del celular se pueden efectuar maniobras. "El usuario puede acercar la silla a su cama, o al auto. Una vez que termina de utilizarla, la devuelve por intermedio de la app al lugar donde estaba", dice uno de los ganadores de la tercera edición del fondo municipal Bahía Emprende Semilla y finalista de los concursos Emprendé Conciencia y Masterpiece.

La inversión realizada hasta el momento es de $ 400.000. En 2014, Tronelli accedió a PAC Emprendedor y un fondo semilla de $ 30.000. La sumatoria del monto obtenido mediante el financiamiento estatal y aportes propios le permitieron desarrollar la primera parte del prototipo.

El precio por unidad de Si.Ru.Om. aún no está determinado. Tras haber finalizado el segundo prototipo, Tronelli piensa en una silla de ruedas de bajo costo para gente con escasos recursos.

Por su parte, Franco Vela y Ezequiel Halberg estaban buscando un proyecto final para graduarse. Diana Sánchez, secretaria de Extensión y Vinculación del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de Computadoras, les acercó una propuesta: había sido contactada por dos doctoras del Hospital Municipal de Bahía Blanca para pedirle colaboración con un paciente que había sufrido un ACV, situación que provocó que Pablo Duca no pudiera hablar ni mover su cuerpo (a excepción de los ojos). "Nos pusimos a trabajar en la búsqueda de una solución".

Los ingenieros electrónicos -graduados en la Universidad Nacional del Sur- sabían que el movimiento ocular era la única forma en la que Duca podía comunicarse. Analizando alternativas, se inclinaron por la utilización de un eye tracker. El soware que desarrollaron funciona en cualquier computadora y con una cámara común, es open source y gratuito. Lo llamaron Eye Say. La notebook permite apreciar en pantalla seis tarjetas, con íconos de fácil identificación. La mirada de la persona sobre alguna de ellas replica el click de un mouse. Se proyecta también un teclado en el que se pueden formar palabras, que serán luego traducidas a voz.

Los proyectistas contaron con el asesoramiento de profesionales del Instituto de Rehabilitación Integral (IREL), terapistas ocupacionales, doctoras del Hospital Municipal e Integrantes del laboratorio de Ciencias de las Imágenes de la Universidad Nacional del Sur. Si bien el producto no cuenta con la precisión de un eye tracker comercial (valuado entre u$s 10.000 y u$s 15.000), el elaborado por los ingenieros tiene una ventaja. "El nuestro cumple la misma función y le permite tener un medio de comunicación", alude Halberg. Los socios desecharon la posibilidad de crear una empresa y obtener un lucro mediante la prestación de servicios vinculados a la utilización de Eye Say (al menos, por el momento). "Para nosotros, no tiene precio. Nos pareció que lo mejor es hacerlo gratis", concluye Vela. 

Fuente: El Cronista

 

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